Pepita Jiménez Calixto Bieito Teatros del Canal

Con Pepita Jiménez, ¡abrimos los armarios!

Bettina Auer, la dramaturga de la ópera Pepita Jiménez, de Isaac Albéniz, que dirigirá Calixto Bieito en los Teatros del Canal de Madrid entre el 19 y el 23 de de mayo, reflexiona sobre esta obra basada en la novela de Juan Valera.

“Busco en los baúles que me rodean brutalmente
y confundo las tinieblas
en cajas profundas, tan profundo
como si ya no fuesen de este mundo”.

Jules Supervieille, Gravitaciones

¡Abrimos los armarios!

“En los armarios guardamos nuestras pertenencias. En los armarios se encuentra todo lo que necesitamos para la vida cotidiana. Allí es donde recogemos recuerdos, donde enterramos nuestra historia, nuestros sueños y fantasías, todo lo oscuro, que no queremos ver, pero tampoco podemos tirar y mejor lo escondemos. Porque en los armarios no hay luz. “El armario está completamente lleno con el tumulto silencioso de la memoria”, como formula el escritor polaco ganador del premio Nobel Czeslaw Milosz en su novela Iniciación amorosa. Nosotros queremos abrir los armarios y profundizar en la historia de España. En Pepita Jiménez, con su material original español y del siglo XIX, se despliegan temas centrales que marcan y caracterizan a España hasta el día de hoy.

Pepita Jiménez Calixto Bieito Teatros del Canal

¡Qué sensual atmósfera ha creado Juan Valera en su novela más famosa, Pepita Jiménez, en la aldea andaluza en donde la joven viuda lucha por su amor hacia el futuro sacerdote don Luis! ¡Cuánto fuego y erotismo transmite la música romántica en la ópera de Isaac Albéniz, cuando don Luis lucha con su conciencia culpable, porque no puede decidir entre el amor espiritual hacia Dios y el amor terrenal a Pepita, o cuando Pepita en una gran escena le confiesa al Vicario su ‘amor prohibido’!

Calixto Bieito percibe como muy español este conflicto entre el erotismo y la represión de la sexualidad, así como el papel central de la religión y el poder represivo y político de la Iglesia católica. El paradigma de esto es la época de la dictadura (1936/39-1975) bajo Francisco Franco, cuyo régimen totalitario basado en el Ejército y la Iglesia, elevó al catolicismo como religión del estado y puso en un estado de parálisis a todo el país durante casi 40 años. Después de la muerte de Franco en 1975, predominó políticamente durante décadas un “pacto de silencio”. Incluso el público en general -perpetradores, víctimas, seguidores, la generación más joven– prefirió el silencio durante la fase de transición a la democracia: por miedo a la verdad y a la revelación, por temor a ser castigados por criticar, como consecuencia de traumas o incluso por falta de concienciación. Solo en la última década, después de un acalorado debate, fue promulgada la condena oficial del régimen franquista, por lo que las víctimas de la guerra civil y la dictadura fueron rehabilitadas al menos legal y moralmente.

El famoso director de cine Luis Buñuel escribió en 1982 en sus memorias, Mi último suspiro (dentro del capítulo: Ateo por gracia de Dios): “Creer y no creer es lo mismo. Si en este momento me pudieran probar brillantemente la existencia de Dios, no cambiaría absolutamente nada en mi comportamiento. No puedo creer que Dios esté constantemente observándome, que se preocupe por mi salud, mis deseos, mis errores. No puedo creer, y en todo caso no lo acepto, que Él me castigue por toda la eternidad. ¿Quién soy yo para Él? Nada, una sombra de arcilla. Mi presencia es tan corta que no queda rastro de ella. Yo soy un pobre mortal, no cuento ni en el espacio ni en el tiempo. Dios no se preocupa por nosotros. Si existe, entonces es como si no existiera”.

A partir de la novela de Valera, de estructura lúdica y refinada, el libretista de Albéniz urdió la trama, comprimiendo la acción en el transcurso de un día. Debido al relato irónicamente distanciado resultó ser una ópera altamente emocional. Aun llevando como subtítulo Una comedia lírica, para Calixto Bieito se trata de una ópera de claroscuros. Justamente, dado que la música romántica de Albéniz, con sus numerosas alusiones al folclore español respira tanta luz, puede ponerse en contraste con imágenes de las tinieblas.

El escritor Valera y el compositor Albéniz pasaron mucho tiempo en el extranjero. Valera vivió como diplomático en varios países, tanto europeos como de América del Norte y del Sur, mientras que Albéniz vivió en Bruselas, Francia y Londres, en donde dio conciertos como pianista de fama internacional, así como en Puerto Rico y Cuba. Valera era un cosmopolita con un espíritu mucho más abierto que lo permitido por la conservadora España de su tiempo, de modo que él observaba con distancia crítica a su país de origen y podía embestir contra sus muros provincianos. El 15 de octubre de 1875, un año después de la publicación de su novela Pepita Jiménez, Valera escribió desde Cabra, su ciudad andaluza natal, a su esposa: “Éste es un país pobre, ruin, infecto, desgraciado, donde reina la pillería y la mala fe más insigne. Yo tengo bastante de poeta, aunque no te lo parezca, y me finjo otra Andalucía muy poética, cuando estoy lejos de aquí”.

Para el director Calixto Bieito, España es una tierra de silencios, de armonías forzadas en la que las cosas importantes no se declaran, sino que se barren bajo la alfombra. Y así, los personajes de la ópera en nuestra representación se ven como personas pequeñas y vulnerables frente a una gran muralla de armarios pesados, los que, escondiendo sus recuerdos reprimidos, les privan del aire para respirar. Aquí la gente se siente tan pequeña, impotente o desvalida, como si estuviera ante las construcciones más representativas de la arquitectura monumental o ante las gigantescas catedrales góticas de España.

En su “poética del espacio”, el filósofo francés Gaston Bachelard describe la naturaleza del armario del modo siguiente: “En el armario habita un centro de ordenamiento, que protege la casa contra un desorden ilimitado. Allí existe el orden, o más bien, allí el orden es un ámbito de dominio. El orden no es simplemente geométrico. Aquí el orden hace recordar la historia de la familia”. Queremos abrir los armarios en una puesta que, a través de imágenes poéticas y surrealistas, nos hable de las personas y de sus fantasías religiosas y sexuales”.

Bettina Auer, dramaturga

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